Un día me di cuenta de que el vínculo emocional con un hombre desafía y condiciona mi placer..
En varias ocasiones, mi vulva me gritó: no confíes tanto. Ojo con entregarte mucho a este.
Saltando de 🍆 en 🍆 no pasaba nada…
Pero cuando sentía algo real por alguien, mis miedos a engancharme, sufrir y salir lastimada se manifestaban en mi sexualidad.
Cuando un chabón me interesaba de verdad y empezábamos a compartir intimidad, mi vulva entraba en una.
Mi pH vaginal se desbalanceaba, me ardía, me dolía, mi flujo cambiaba.
Como si mi concha dijera:
“Alerta, no confíes demasiado.”
Durante mucho tiempo pensé que era estrés, bacterias, culpa de las tangas, lubricantes.
Hice mil tratamientos de óvulos, antibióticos… ¡hasta me puse un ajo en la concha!
Nada funcionaba. Solo volvía a mi pH equilibrado cuando dejaba de coger con esa persona por la cual sentía cosas.
Hasta que entendí que mi cuerpo me estaba diciendo lo que mi mente no quería escuchar.
Podía coger con cualquiera y entregarme toda sin problema en el sexo casual,
pero cuando había algo emocional de por medio con un hombre,
cuando el corazón se metía en la cama, mi cuerpo hablaba. Y fuerte.
Un día, en una sesión de biodescodificación, entendí todo:
Gran parte de mi linaje carga memorias de mujeres que no pudieron confiar en los hombres.
Mujeres traicionadas, abusadas, abandonadas, usadas.
Y todo eso, de alguna forma, vive en mí. Nuestro ADN funciona como una carpeta de archivos con información de generaciones y generaciones.
Mi cuerpo contiene esa data, por eso recuerda antes de que yo lo piense y tira esas señales de peligro.
Y por más molesto que sea, es parte de nuestra biología: recordarnos el peligro es una forma de protegernos.
El cuerpo es tan sabio que avisa lo que la mente quiere tapar o evadir.
Al entender esto, decidí hacer un trabajo consciente de comunicarle a mi cuerpo que conectarme emocional y sexualmente es seguro. No hay peligro.
Haciéndome espacio para transitar un camino nuevo de gozo y entrega.
Todo cambia cuando escuchamos nuestro cuerpo y tomamos consciencia de su mensaje.
Y ojo, como te digo una cosa, también te digo otra: me pasa también que, cuando me empiezo a enganchar con alguien,
recordar el polvo, esa energía de calentura sube hasta el pecho,
no se queda solo en la pelvis.
Me atraviesa toda.
Se me excita el corazón al recordar la cogida con esa persona. ¡Es wow! ¡Hermoso!
Me sube el calor hasta el cora como un volcán erupcionando. O sea,
mi cuerpo también me avisa con sensaciones placenteras cuando hay una conexión especial con alguien y no es un polvo random.
Lo que te quiero transmitir con esto es la importancia de la escucha de nuestro cuerpo.
Ya sea con señales incómodas o placenteras, es una guía amorosa.
💬 ¿Te pasó algo parecido alguna vez?
¿Tu cuerpo te avisó antes que vos misma de que algo no estaba bien… o de que sí lo estaba?
Contame.
Quiero conectar con historias reales, porque todxs tenemos un cuerpo que grita, aunque lo hayamos callado mil veces.
— Jesy 💋